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miércoles, 28 de abril de 2021
Capitulo 2
A la mañana siguiente, tal como Edurard dijo, Lucia vino a despertarme. Aunque Lucia tenía una idea diferente de como despertar a las personas. Entro sigilosamente en mi cuarto y cuando quise darme cuenta Lucia estaba tumbada a mi lado. Y diréis " ¿Qué tiene eso de malo?" Lo malo es que ella se había quitado la ropa que aquel momento llevaba y se había metido acurrucada a mi lado. Yo aún seguía medio dormida por lo que me costó darme cuenta. Lucia no paraba de reír mientras se vestía.
-No seas exagerada Abril. Nosotros nos levantamos antes y el verte durmiendo me había dado envidia.- Estaba segura de que en aquel momento tenía la cara roja de vergüenza. No conteste y también me cambie el pijama por una camiseta blanca y unos pantalones azules vaqueros. Estaba absorta en mis pensamientos cuando un soplido en mi oreja hizo que saltara del sitio. Lucia estaba encima de la cama y tenía una sonrisa en el rostro. Yo me tape la oreja donde me había soplado.
-Vamos Abril, no seas aburrida.- Poco a poco se acercaba más a mí. El escalofrío volvió a recorrerme el cuerpo. La puerta se abrió de golpe justo en el momento en que Lucia tenía su cuerpo pegado al mío. Miro a la puerta con cara de aburrimiento. Amanda estaba en la puerta y parecía enfadada.
-El señor se preguntaba por qué tardaban tanto.- Ella miraba de forma rara a Lucia. Lucí volvió a mirarme y sentí su aliento. Me puse aún más roja de vergüenza y ella río.
-Ya bajábamos. ¿No es así Abril?- Se separó despacio de mí y se bajó de la cama hasta enfrentarse a Amanda.- Encárgate tu del resto Amanda yo voy a ir preparando el desayuno.- Lucia desapareció detrás de Amanda. Esta suspiro y entro a mi cuarto.
-A veces Lucia se puede pasar un poco. Perdónela.- Recogió la ropa que doble ayer y la hecho en un cesto que llevaba en la mano.- Le acompañare a la cocina.- Yo asentí y la seguí escaleras abajo.
-¿Amanda verdad?- Ella asintió sin volverse. Miraba al frente seria.- Como le dije a Lucia no me tratéis como una señorita. Se me hace raro y molesto.- Mire abajo mientras Amanda me miraba. Al final asintió y yo le sonreí agradecida. En la planta baja no tardamos en llegar a la cocina. Era más grande de lo que me esperaba. Una cocina con azulejos azules, Lucia saltaba de un sitio a otro preparando una especie de desayuno que jamás había visto, Huevos con bacon. La cocina olía genial y me deje llevar hasta Lucia.
-Veo que te gusta. Me alegro.- Cogió la sartén y puso los dos huevos en un plato junto al bacón. Lo mire hambrienta. En el internado jamás había comido algo así. Todo lo que tomábamos era pan y leche. Me senté a la mesa y junte las palmas para comenzar a rezar, justo como las hermanas me habían enseñado. Lucia puso una mano encima de las mías.
-¿Qué haces Abril?- Se había ensombrecido un poco. Yo trague saliva y quite las manos de encima de la mesa.
-En el internado siempre rezábamos antes de comer.- Amanda se tensó detrás de mí y note como se marchó de allí. Lucia me miraba seria y otra vez el escalofrío me recorrió.
-Ya no estás en el internado. Aquí no hace falta que le reces a nadie.-Se dio la vuelta y se puso a recoger la cocina. Yo asentí y comencé a comer los huevos. Solté un sonido de satisfacción y Lucia se río divertida. Termino de recoger antes de que yo terminase el desayuno y se sentó enfrente de mí. Yo la mire mientras comía. Ella solo me observaba. Trague el último bocado de los huevos y ella retiró mi plato y lo dejo encima de la pila.
-¿En esta casa las cosas son tan calmadas?- Ella me miro divertida. Sus ojos brillaban. Volvió a sentarse enfrente de mí y me miro directamente a los ojos.
-Últimamente el señor Edurard sale de viaje con algunos de nosotros. Esta vez Amanda y yo nos hemos quedado contigo. Por eso la casa esta mas tranquila.- Cruzo las piernas por debajo de la mesa.- ¿Crees en Dios Abril?- Yo la mire. ¿A que venía esa pregunta ahora? ¿Creía en Dios? Me quede en blanco ante aquella pregunta. Más que creer era lo que las hermanas me inculcaron. Yo la mire como esperaba una respuesta por mi parte, una respuesta que ni siquiera yo sabía. Estuve un rato dándole vueltas hasta que ella decidió levantarse.
-Da igual. Ha sido un error preguntar.- Se levantó y fregó el plato de mi comida. Yo también me levante y me acerque a ella. Aun no sabía que decirle pero tampoco quería que pensase que no quería contarle. Suspire y me apoye en la mesa al lado donde ella trabajaba.
-No sé si creo o no. Supongo que ya lo hago todo inconscientemente. Si te digo la verdad siempre me ha parecido una molestia tener que rezar a todas horas. Al principio de pequeña me parecía algo normal pero con forme fui creciendo algo dentro de mí se negaba a hacerlo.- Me toque el pecho. Lucia seguía todos mis movimientos. Seguía seria. Pensé que sus cambios de humor eran normales. Al final ella me sonrió. Yo mire al suelo. Amanda entro en la cocina y las dos nos quedamos calladas. Lucia la miraba seria y Amanda le sostenía la mirada.
-Abril necesito que vengas conmigo.- Lucia apretó los dientes. Amanda me miro seria y yo asentí con la cabeza. Lucia siguió a lo suyo mientras las dos nos marchamos. En ese momento me di cuenta de que no lograría entenderla nunca. Amanda no era tan habladora y cercana como Lucia pero había algo en ella que me hacía sentir bien a su lado. Pasamos de nuevo por el comedor. Todas las habitaciones estaban conectadas al salón. No podías ir a ningún lado sin pasar por ahí. Sólo se oían nuestros pasos. Me pregunté qué quería Amanda. El poco tiempo que llevaba ahí nunca me había dicho nada. Pensé otra vez en Lucia. Siempre que estaba con Amanda su humor cambiaba. No comprendía el porqué de la situación. Se llevaba bien con el resto pero con ella es algo diferente. Choque con Amanda y solté un gruñido. Estaba pensando en cada situación que se habían visto e intentar entender el por qué, que no noté cuando ella se paró.
- No debes hacer caso de lo que ella diga. A veces puede pasarse un poco.- Se giró para mirarme. Ya no parecía enfadada y se notaba relajada. Pensé que decía eso por la pregunta que me había hecho antes. Me rasque la nuca y le sonreí.
- Si es por la pregunta de antes no me importa. La verdad es que me ha hecho recapacitar la verdad.- Ella me miró seria. ¿Qué le ocurría a esta familia? Todos eran raros y diferentes. Al final Amanda se dio por vencida y dejó de mirarme para seguir andando. Los pasos fueron, de nuevo, el único sonido entre nosotras. Ni siquiera Lucía se oía.
Subimos a mi habitación y las dos entramos. Amanda cerró la puerta dejando la habitación a oscuras. Yo me asusté.
- No te preocupes Abril no voy a hacerte nada. Sólo quiero que te tumbes en la cama.- Trague saliva e hice lo que ella dijo. Me recosté en medio de la cama y noté como ella se subía también. Al llegar a mi lado dejo de moverse y por un segundo pensé que estaba sola en la habitación. No se oía su respiración y tampoco sentía su presencia hasta que puso una mano en mi frente. Estaba caliente y era suave, pequeña. Sentí una energía que recorría mi cuerpo desde su mano pasando por mi frente hasta los dedos de los pies. Era una sensación extraña y reconfortante al mismo tiempo.
- ¿Que estás haciéndome?- No me contestó. Comencé a sentirme cansada, cerré los ojos adentrándome aún más en la oscuridad. Seguía notando sus dedos en mi frente, la energía recorriendo mi cuerpo. El sueño vino a mí. Luche por mantenerme despierta y no perder de nuevo el conocimiento pero fue inútil. Acabo ganando. Sentí como la energía se desvanecía al mismo tiempo que el tacto de los dedos de Amanda. Oí como la puerta del cuarto se abría y escuche trozos de una conversación. Algo de que dormiría hasta que el regresase, algo de mis recuerdos, de mi pasado, de algo que no conseguía recordar, de alguien que me esperaba, de unos votos... Y luego nada. Oscuridad y silencio. No sentía nada, no oía nada, no veía nada. Sólo oscuridad. Una oscuridad impenetrable, negra como la noche sin luna más oscura. No sé cuánto estuve así hasta que una luz apareció. Una pequeña luz entre toda esa oscuridad. Intenté avanzar hasta ella sin éxito. La luz se hizo algo más grande y por ella vi a una persona. Una chica de cabello blanco y ojos rojos. Sonreía. Me tendió una mano. Quise agarrarla, que me sacaste de aquella oscuridad. Conseguí estirar una mano y rozar la suya. La luz brillo y la oscuridad se retiró. Tenía a la chica enfrente de mí aún con las manos entrelazadas.
- El momento ha llegado Abril. Debes despertar. Debes cumplir con la tarea que tus padres te dejaron. Debes reunirnos a todas otra vez.- Quise preguntarle a qué se refería pero nada conseguía salir de mi boca. Ella repetía lo mismo una y otra y otra vez. No entendía nada.
¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué ahora? ¿Por qué a mí? Un montón de preguntas se amontonaban en mi cabeza. Todas ellas sin respuesta. Agarre mi cabeza que parecía a punto de explotar. Escondí la cara entre mis rodillas. Desee que eso terminará. Sólo era una pesadilla. Yo estaba en la mansión con el tío Edurard y unos chicos que eran como yo. Nada más. No debía pensar en nada más. Pensé en la hora que era pero no podía abrir los ojos. Aquella oscuridad que hacía reto me envolvía seguía allí y no me dejaba ver nada. Decidí esperar a que alguien me despertase. Sólo pensaría en eso. En lo que haría al día siguiente. En los chicos que Lucía aún tenía que presentarme, en la ciudad que tenía que mostrarme. Sólo pensaría en eso y está pesadilla acabaría pronto. Sin cargo ella aún me observaba. Lo notaba. Notaba como la chica de ojos rojos me miraba desde lejos con una sonrisa siniestra. Notaba su aliento en mi nuca, su presencia a mi lado. Quise abrir los ojos, despertar de aquello... Pero lo que vi al hacerlo era peor. Esto no era una pesadilla.
La chica me miraba sentada en la cama. Sus ojos rojos sin sentimientos, su pelo blanco como la nieve. Trague saliva.
- Has tardado más de lo esperado en despertar Abril.- Cerró los ojos y se puso de pie al lado de la cama. Yo no podía decir nada, el miedo me paralizaba. Algo en ella me hacía sentir eso, tenía un poder increíble, algo terrorífico en su interior.
- ¿Quién eres?- Fue un milagro que mi voz no sonase titubeante. Ella volvió a mirarme y suspiro. Sus ojos empezaron a mostrar otra vez sentimientos. Empezaba a parecer más humana. Puso las manos tras su espalda.
- Es increíble que no te lo hayan dicho. Sobre todo ella. Seguro que está deseando que vuelvas a ser la de entonces.- Un montón de preguntas se agotaron en mi mente. Me pellizque para saber si era un sueño o la realidad. Ella río ante eso.- No estás soñando. Mi nombre es Elene y pertenezco a tu guardia personal.- Se inclinó tras decir su nombre. ¿Mi guardia personal? ¿De que estaba hablando? Ella levantó la cabeza.
- No sé de qué me estás hablando. Yo no tengo guardia personal no nada.- Ella endureció su rostro. El miedo se hizo más intenso. Sus ojos rojos brillaban en la oscuridad del cuarto. Me tendió una mano. Una mano pálida acabada en una garra. Temblé.
- Si ellos no te lo muestran yo lo haré. Seré la primera en darte mi pecado.- ¿Su pecado? Negué con la cabeza. Ella retiro la mano y la dejo caer a un lado.- Mi pecado es el pecado de la codicia. Y como tal seré la única que puede tenerte.- Trague de nuevo y ella suspiró. El miedo remitió, deje de temblar y al fin pude moverme. Me incorpore un poco en la cama y la mire.
- No entiendo de qué me estás hablando. No comprendo lo del pecado ni por qué me lo darías a mí. ¿Qué está pasando? ¿Por qué me está pasando a mi?- Ella se sentó a mi lado. El miedo que emanaba había desaparecido. Sus ojos ya no brillaban como antes y parecía más tranquila.
- Te contaré todo lo que quieras Abril pero con una condición. Yo seré la primera en darte mi pecado.- Asentí. Lo del pecado me daba igual. Sólo quería saber que sucedía, por qué ahora y por qué a mí. El resto me daba igual.
- ¿Es cierto que no recuerdas nada antes de entrar al internado cierto?- Me quede en silencio. Ahora que lo mencionaba está cierto. Mis recuerdos antes de ingresar en el internado eran borrosos. No recordaba nada con claridad. Asentí y ella prosiguió.- Como has notado en esta casa ocurren cosas que de normal no deberían suceder.- Dejo de hablar para que lo pensara y le diese la razón. Ella asintió de nuevo.- No eres capaz de recordar nada por culpa de un hechizo muy poderoso que te dieron tus padres antes de morir.- Abrí los ojos. ¿Un hechizo? ¿No recordaba nada por un hechizo?- En realidad tu ni siquiera vivías en este mundo. Tus padres te trajeron aquí para evitar que la facción de Dios te eliminase. Pensaron que dejándote al cargo de sus soldados podrías salvarte. Sin embargo tú destino es diferente. Tú eres la única persona capaz de enfrentar la guerra que se avecina. Eres la única capaz de reunir a los siete pecados y hacerlos tuyos.- Respire. Esto debía ser una broma. ¿Dios? ¿Pecados? Todo parecía sacado de un cuento de hadas. Elaine siguió con su historia.- En esta casa se ocultan cinco de los pecados, yo soy el sexto. Pero hay un último pecado que será el más difícil de encontrar. Debes encontrarlo y hacerlo tuyo antes de que la guerra entre los tres mundos aparezca. Debes salvar a los tuyos.- Dejo de hablar y me miro. Tenía tantas preguntas. Espero en silencio para que recapacitase todo esto. Salvar a los míos, reunir a los siete pecados, una guerra. Me lleve las manos a la cabeza.
- ¿Por qué yo? Hay muchos que seguro están deseando ocupar mi lugar. Yo no soy nadie, solo soy una chica marginada con mala suerte.- Ella negó con la cabeza y me tocó un hombro.
- Tú eres la única con el poder necesario para hacerlo. Sólo una única persona de la casa se ha dado cuenta.- Pensé en Lucia y ella asintió, como si pudiese leer mis pensamientos. Ella era la única más cercana de la casa. Escondí mi cabeza entre mis piernas. Pensé en todo lo que me había contado. Repare en que había dicho que yo no estaba en este mundo cuando mis padres murieron. Sino que me trajeron a este mundo.
- ¿De dónde vengo? Si me trajeron a este mundo para ocultarme... ¿De donde soy?- Ella me sonrió. Tenía un mal presentimiento sobre la respuesta. Ella sonrió aún más dejando ver unos colmillos blancos como la nieve.
- Tú eres parte del reino de los demonios. En realidad no eres una humana. Eres un demonio.- Eso me dejó sin respiración. A duras penas recordé cuando Lucia me había preguntado si creía en Dios, cuando se había molestado cuando rece en el desayuno. Recordé que después de eso Amanda había venido a por mí y yo había dormido. ¿Por qué me costaba recordar lo que pasó está mañana? ¿Qué me habían hecho? Mire con miedo a Elaine. Ella solo esperaba que yo me creyese todo.
- Soy un demonio. Un demonio.- Ella volvió a asentir. Reí. Esto era imposible. Por mucho que las cosas empezasen a encajar era imposible. Desde los recuerdos que no tenía antes de la muerte de mis padres hasta las cosas extrañas que sucedían en esta casa. Y luego estaba la única regla que tenía mi tío.- ¿Sabes por qué no puedo pasear por la casa a partir de las tres?- Ella me miró a los ojos, noté como me miraba el alma. Asintió poco después.
- Eres la única que puede derrotar al actual rey demonio por ello muchos demonios te buscan. Tu habitación está protegida por un poderoso hechizo y normalmente nuestra actividad aumenta a las tres. Por eso te está prohibido salir.- Yo mire al suelo. Todo cuadraba. Parecía una locura pero todo cuadraba.
- ¿Por qué me lo has contado?- Se tensó. No esperaba esa pregunta. La noté algo nervioso y me apoye en las manos acercándome más a ella.- ¿Porque ellos no me lo contaban? ¿Por qué has venido solo para eso?- Ella dio un paso atrás. No se esperaba este ataque por mi parte. No le duró mucho y se enfrentó a mí. Esos ojos volvieron a brillar.
- Te lo cuento porque es injusto que sigan mintiendo. Eres la elegida, su hija. Por mucho que te protejan no lo van a conseguir por mucho más tiempo.- Yo desistí. Por una parte tenía razón. Suspiré
- Gracias.- Ella me miró sin comprender. Yo me reí.- Has hablado antes de que tengo que conseguir los pecados. ¿Cómo hago eso?- Ella se relajó y se sentó a mi lado. Jugo con un dedo a seguir las líneas del edredón.
- Normalmente hemos tenido que dar nuestros pecados a los Reyes del inframundo. Para ello cada uno de nosotros nos acostamos con él. Era una forma de decir que estábamos bajo sus órdenes y le éramos leales.- Yo me quedé de piedra. Acostarse con el rey del inframundo. Imaginé a Marco y Elaine se río a mi lado.- Tranquila hay más formas de entregar nuestros pecados. Una mucho más fácil.- Solté el aire y quite la imagen de la mente. Elaine volvió a reír y se movió en la cama dejándome debajo de ella. Mi corazón se paró por unos segundos. Sentí sus pechos descansando en los míos y un calor comenzó a inundar mi cuerpo. Ella se acercó demasiado a mi cara. Noté que se divertía. Trague saliva. Su boca estaba a unos centímetros de la mía. Estaba completamente atrapada entre la cama y su cuerpo. Movió su pierna y no pude evitar soltar un gemido. Ella sonrió y yo cerré los ojos. Esa era la primera vez que intimaba con alguien pero nunca imaginé que sería una chica. Y menos aún un demonio. Elaine río y se retiró dejando respirar. El calor seguía presente en mi cuerpo. No me moví mientras ella se sentaba de nuevo en la cama. Quise decir algo pero nada podía salir de mi boca.
- Siento dejarte así pero la experta en estas cosas es el pecado de la lujuria. Aunque creo que pronto lo tendrás también bajo tu control.- Me miro picara. Al fin el calor de mi cuerpo se fue. Me sentía rara. Trague. - Otra forma de dar nuestro pecado es ofreciendo nuestra lealtad eterna al nuevo rey. Una lealtad que durará hasta la muerte de este.- Asentí. Esa forma me parecía más práctica y normal. Ella río y se levantó. Apoyo una pierna en el suelo.- Yo, Elaine, del pecado de la avaricia, te otorgó mi pecado. Con el mi lealtad hasta que mueras.- Una luz brillo en mi mano. Me la mire. Un extraño símbolo había aparecido.
Elaine me estiró la mano. Yo le tendí la mano donde el símbolo había aparecido. Se lo llevó a los labios y lo beso. Un beso suave, cálido. El símbolo brillo negro y una energía nueva me recorrió el cuerpo. Ella se levantó.
- Bien ahora estamos conectadas. Cuando me necesites solo tendrás que llamarme y apareceré.- Yo mire el símbolo que comenzaba a desaparecer.- Y otra cosa Abril. La ira aún no debe saberlo.- La mire interrogante y algo estiró de ella. Soltó un gruñido.- Amanda. Aún no se lo digas a ella o jamás te entregará su pecado. Consigue el de Lucia.- La mire alucinada. Le sonreí y ella me devolvió la sonrisa.
- Gracias por esto Elaine. No olvidaré tu consejo.- Ella asintió y desapareció de la habitación. Me tumbe en la cama pensando en todo lo sucedido. Un demonio. Era un demonio destinado a encontrar a los pecados y hacerlos míos. Recordé lo que ella me dijo. Se acostaban con el rey al que servirían para entregar su pecado. La sensación que me lleno por dentro al estar tan cerca de ella. Me puse roja y me tape la cara con el brazo. A partir de ahora todo cambiaría. No podía decírselo a mi tío. Hablaría primero con Lucía cómo ella me había dicho y le pediría consejo de nuevo. Suspiré allí tendida. La guerra se avecinaba y yo era la única capaz de alabar a los demonios. Reí. En el internado me enseñó que eran monstruos sin corazón que devoraban el alma humana.
Alguien toco a mi puerta. Me incorpore un poco en la cama mientras Lucia pasaba a la habitación. Estaba algo sería y me miro desde la puerta.
miércoles, 21 de abril de 2021
capitulo 1
Hace ya 15 años desde que mis padres murieron en un accidente. Hoy por fin cumplo 18 años y me encontraba recogiendo mis cosas del cuarto. Durante estos 15 años estuve viviendo en un internado pero cuando cumplíamos la mayoría de edad no se nos permitía seguir viviendo allí. Mire una última vez por el cuarto mientras metía mi camiseta doblada en la maleta. Alguien toco la puerta del cuarto y después una cabeza apareció.
- ¿Has terminado ya?- Su voz me recorrió el cuerpo. Yo no la mire mientras cerraba mi maleta y la quitaba de la cama. La persona la cual provenía esa voz que tanto me molestaba entro a la habitación y se puso detrás de mí. Su túnica descanso en el suelo. Ese negro que siempre llevaban las hermanas y que tanto llegue a odiar.
- Si, ya he terminado hermana Lola- Ella asintió con satisfacción y extendió su mano una vez que salí del cuarto. Rebusque en el bolsillo de la cazadora en busca de la llave del cuarto. Una vez la encontré se la entregué. La hermana la cogió bruscamente y cerró la habitación en la que había vivido durante 15 años. A decir verdad nunca me cayeron buen las hermanas. Siempre habían sido muy bordes conmigo y nunca les llegue a coger carillo. Me di la vuelta dando la espalda a la hermana y me largué de allí. Por los pasillos me encontré a muchas niñas que, como yo, habían ido a parar a ese infernal lugar plagado de soldados de Dios. No me despedí de nadie y nadie me dijo nada. Allí no tenía amigos. En aquel internado siempre estuve sola. Deje el edificio principal atrás para adentrarme en el gran jardín de la entrada. Varios grupos tanto de chicas como de chicos se me quedaron mirando mientras arrastraba mi maleta las piedras del paseo. Notaba sus miradas clavadas a mi espalda y sus cuchicheos me hacían cosquillas en las orejas. En cierto modo podría decirse que a nadie, literalmente a nadie del internado le caía bien. Mire detrás de la verja negra con las estatuas un coche rojo. Apoyado en él un chico joven con el pelo negro, una chaqueta de cuero negra desabrochada dejando ver una camiseta corta blanca que hacia juego con esos vaqueros azules oscuros. Suspire mientras la hermana Lola abría la verja que me daría la libertad que tanto había deseado. La hermana Lola me detuvo antes de cruzar la verja.
- Ha sido un honor haberla tenido aquí durante estos 15 años señorita Abril.- La hermana me miraba con ojos serios pero una sonrisa adornaba su rostro. Gruño ante aquello y me hacer que al chico del auto. Este sonrió y levantó una mano a modo de salido.
- Debes ser Abril. Mi nombre es Marco, me ha enviado tu tío a recogerte.- Lo mire de nuevo de arriba a abajo. Mientras me dirigía a la parte de atrás del coche para dejar mi maleta. El al no recibir respuesta corrió hasta el maletero para abrirlo e intentar hablar de nuevo.- Veo que no eres muy habladora.- Yo no lo mire. No tenía ganas de hablar en aquel momento. No me entusiasmaba la idea de irme a vivir con un tío que apenas conocía y no había oído hablar de él. El chico que se hacía llamar Marco encendió el coche y yo apoye la cabeza contra el cristal mientras veía como el internado Las Pepas desaparecía poco a poco en el horizonte. Haciéndose cada vez más y más pequeño hasta desaparecer. Suspiré una vez que solo los árboles quedaron en mi campo de visión.
- Tu tío está deseando verte. Me ha hablado de ti, de cuando eras pequeña.- Yo no aparte la cabeza del cristal asique le respondí con un gruñido. Sabía que él me miraba mientras conducía pero había soportado las miradas clavadas en la espalda por 15 años. Aquello no era nada.
El resto del trayecto no volvió a hablar. No pasó mucho tiempo desde que salimos del internado y las casas se irguieron a lo lejos. Hacía tanto tiempo que no veía casas normales. En el internado no se nos permitía salir y tampoco había fotos de pueblos o ciudades donde apareciesen casas. Una risa de Marco me devolvió a la realidad. Había dejado de apoyar la cabeza contra la ventana y me había incorporado en el asiento admirando los edificios de diferentes tamaños, colores y formas de ellos. Cuando lo mire él sonreía y no me pude evitar sonrojar.
- Todavía nos quedan tres pueblos más como este. Si quieres puedo poner un poco de música.- Yo me tense en el asiento. En el internado la única música que escuchábamos eran los cantos de las hermanas antes de empezar la misa. Todos ellos me ponían dolor de cabeza y pronto dejaba de prestarles atención. Marco se dio cuenta de que me había puesto rígida y río de nuevo.
- En el internado no nos dejaban escuchar música.- El abrió los ojos como platos ante mi respuesta a su risa. Yo miré a otro lado. Siempre había tenido miedo de aquel momento. Ahora todo había cambiado y yo no conocía nada. Era una tonta ante todo.
- Está bien. Entonces te enseñaré algo de música.- Marco quito una mano del volante para darle a un botón que había en medio de los dos. Nada más pulsarlo la música se esparció por el coche. A los pocos segundos Marco cantaba la canción mientras lo veía con ojos brillantes. Él se percató de ello ye miro. Volví a sonrojarse como una tonta.
- ¿Así que en el internado no os enseñaban este tipo de cosas?- Marco volvió la vista a la carretera mientras dejábamos el pueblo atrás. Yo menee la cabeza de un lado a otro.
- La única música que escuchábamos eran los cánticos de agradecimiento de las hermanas. Tampoco nos dejaban salir a los pueblos cercanos y no nos enseñaban fotos de ellos. Así que tampoco he visto una casa en los 15 años que llevo allí.- Me pareció ver cómo Marco endurecía su cara. Yo me enfade conmigo misma por contarle aquello. No tenía por qué habérselo contado. Aunque el enfado no duró mucho ya que Marco salto con otra cosa.
- Tu tío me ha contado que no conoces a tu familia ni nada.- Volví a negar con la cabeza. Y el volvió a centrarse en la carretera.
- Cuando ocurrió el accidente era muy pequeña y todos los recuerdos que tenía los he perdido. Recuerdo como eran papá y mamá por las fotos que el internado me facilito. Pero más allá de eso no sé nada.- Agache la cabeza para jugar con mis manos.
- ¿Los echas de menos?- Mi cuerpo se paralizó. ¿Los echo de menos? Esa pregunta había rondado por mi cabeza todo este tiempo. Jamás logré darle una respuesta. Tarde un poco en responder. No sabía si el esperaba mi respuesta o sabía que no contestaría aquello.
- Perdí la mayoría de mis recuerdos. Algo dentro de mí quiere echarlos de menos. Pero otra parte no puede sentir nada.- El asintió comprendiendo mi situación. Mire a la carretera justo en el momento en el que dejábamos otro pueblo atrás. Estuvimos un rato en silencio. Yo comencé a contar las señales que había por el camino para no dormirme. La música sonaba bajito y la verdad es que me estaba gustando. No eran los cánticos de las hermanas y tenía un ritmo diferente. Otro pueblo apareció en la distancia. Era algo más grande que en los dos que ya habíamos pasado. Las casas estaban más juntas unas de otras y eran bastante grandes. Pude diferenciar un patio principal, el garaje y la casa. No me extrañaba que tuviesen también un patio por detrás.
- Ese es el pueblo de tu tío. No hay mucha gente de tu edad pero dentro de la casa hay varias chicas de las que podrías hacerte amiga.- Amigos. Esa palabra no había existido en mi diccionario durante estos años y dudaba que ahora pudiese cambiar.
- Antes dijiste que trabajabas para mí tío.- El asintió con un ruido de satisfacción. Yo lo mire intrigada a lo que el río de nuevo.
- Tu tío, el señor Edurard, tiene a varias personas a su servicio. No somos sirvientes exactamente pero seguimos sus deseos. En total somos cinco. Tres chicas y dos chicos. Dos de las chicas tienen tu misma edad. El resto somos de 20 años.- Lo mire alucinada. No sabía que se podía empezar a trabajar tan joven y menos sirviendo a alguien.- Todos nosotros somos como tú. No teníamos hogar ni familia. Tu tío nos acogió y como agradecimiento lo seguimos.- Me miro algo más serio. Yo tragué saliva. Ellos también eran huérfanos. No supe que decirle y mire de nuevo al pueblo que se acercaba a una velocidad de vértigo. Cuanto más lo miraban más náuseas me entraban. La cabeza comenzó a darme vueltas y una voz que me llamaba resonaba en mi cabeza. Me recosté contra el asiento intentando no perder el conocimiento y desmayarme. No tuve éxito. Cerré los ojos aún con la voz llamándome en mi cabeza. A los pocos segundos la oscuridad me trago y no pude ver, sentir o pensar en nada. Sólo oscuridad me rodeaba.
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No sé cuánto tiempo había pasado desde que me desmaye en el coche pero cuando abrí los ojos estaba tumbada encima de una cama. Mire a mí alrededor. Estaba en una habitación que al momento supuso que era mía. La habitación no era grande, la cama estaba en medio de esta, pegada a la ventana una mesa que supuse que era para estudiar, un armario empotrado enfrente de la cama y a su lado un espejo de cuerpo entero. A ambos lados de la cama unas mesitas con una lámpara y tres cajones. Me incorpore despacio en la cama al tiempo que la puerta se abría. La cabeza de una chica joven apareció. Tenía el pelo negro y bastante largo. Una sonrisa adornaba su cara. Paso con un saludo hasta las cortinas. La luz envolvió el cuarto.
-Me alegro de que haya despertado señorita Abril. Nos tenía muy preocupados cuando se desmayó en el coche.- La recién llegada recorría la habitación feliz, con saltitos. Yo no hacia otra cosa que mirarla intentando recordar el motivo por el cual me paso eso. Me perdí en mis pensamientos dejando que la chica recorriera sin parar la habitación recogiendo, colocando o guardando cualquier cosa. En un abrir y cerrar de ojos la chica se colocó delante de mí. Pegue un salto y grite del susto. Eso la hizo reír. Le puse mala cara y ella se apartó de mí.
- Marco nos avisó de que era muy callada.- La chica dejo de reír y cruzo las manos detrás de la espalda. Me fije más en ella. Llevaba una falda corta con unas medias negras. Su camiseta era blanca y un poco larga. Unos zapatos negros pequeños adornaban sus pies. Mire a la chica la cara. Era más bien pálida, llevaba un flequillo que le queda, he de decir, que muy bien. Sus ojos negros resaltaban bastante. Me di cuenta de que ella también me estaba mirando. No pude evitar sonrojarme. Rio al darse cuenta. Me mire a mí misma para ponerme aún más roja. Solo llevaba una camiseta medio transparente. Alguien me había quitado la ropa para cambiarme. Intente taparme un poco con las manos lo que hizo reír aún más a la chica.
- Tranquila, fui yo la que te cambio. Ahora que recuerdo. Aun no me he presentado. Me llamo Lucia y tengo 18 años.- Me tendió la mano entusiasmada. Yo se la apreté y ella corrió a un cajón para coger algo de ropa. Yo me levante de la cama para darme cuenta de que no solo la camiseta se transparentaba sino que además era corta. Solté un gruñido al darme cuenta. Lucia me miraba.
- Tiene una buena figura. Seguro que era de las populares del internado.- Soltó una risita baja mientras se acercaba con una camiseta negra con unos pantalones del mismo color. Yo sonreí ante su comentario.
- En realidad era todo lo contrario a popular.- Baje la mirada al suelo. Lucia se acercó a mí y dejo la ropa en la cama. No dijo nada solo espero que dijese algo más. Esta vez tenía las manos cruzadas por adelante. Entendí que pensaba que el comentario que había hecho me había sentado mal.- De todas formas tampoco nadie me ha visto así. Eres la primera en 15 años.- Le di una sonrisa para hacerle ver que no pasaba nada y ella me la devolvió. Recupero algo de su alegría. Extendió la ropa que había cogido en la cama.
- Su tío eligió esto para usted.- Lo mire. No me disgustaba la forma de la camiseta, algo escotada, pero no me disgustaba. Mire a Lucia que parecía pensativa y pensé en la forma en la que me hablaba. Le puse una mano en el hombre.
- No tengas tantas formalidades conmigo. Tenemos la misma edad.- Ella me miro con los ojos bien abiertos y estaba dispuesta a negarse. Le sonreí dando a entender que no aceptaría un no por respuesta y ella asintió. Cogí la camiseta y la mire más de cerca. No, no me disgustaba. Lucia me observaba, ¿no esperaría que me cambiase delante de ella verdad? Tenía ojos brillantes y me di cuenta de que dijese lo que dijese no se marcharía hasta que no me cambiase. Suspire y me quite la camiseta que llevaba dejando solo mi ropa interior a la vista. Me sonroje. Lo que le había dicho antes no era mentira. Era la primera vez que alguien me veía así. Ni siquiera las hermanas me habían visto desnuda. Me sentí algo incomoda mientras Lucia me miraba. Termine de subirme los pantalones, ella me miraba de arriba a abajo con satisfacción, cosa que me dio aún más vergüenza.
- Estás genial. Bien ahora salgamos. Tienes que conocer al resto.- Me agarro de la mano y estiro de mi hasta la puerta. Una vez fuera de la habitación nos detuvimos. Mire la casa. Era enorme. Tenía dos pisos, en el primero se encontraba la puerta principal con un saloncillo, dos sillones se colocaban en frente de una tele bastante grande. Varias puertas cerradas se disponían a lo largo de un pasillo. En medio de la sala una escalera de caracol que daba a esta segunda planta. Más puertas cerradas se colocaban enfrente de mí y al lado de mi habitación. Supuse que la segunda planta eran las habitaciones. Lucia me volvió a tirar del brazo.
- Vamos ya te enseñare la casa más tarde. Tu tío y los demás están deseando conocerte.- Estaba feliz y esa felicidad me la estaba pegando. Empecé a alegrarme de estar allí. Bajamos corriendo la escalera de caracol que daba directamente al comedor. Me di cuenta de que desde el punto de vista que tenía antes no me había dado cuenta de que una gran puerta adornaba una de las paredes. Era de madera, color claro y estaba cerrada. Dentro podía oír unas voces. Lucia llamo tres veces y en uno segundos un chico pelirrojo nos abrió la puerta. Se me quedo mirando tapando lo que había dentro de la estancia.
-Que pasen.-El chico miro a la persona de la que proveía la orden y nos dejó pasar. Vi como Lucia y él se hacía guiños entre ellos. Sonreí para mí. Entramos a la habitación. Era un despacho enorme, estanterías de libros se extendían a lo largo de la habitación. Nunca había visto tantos libros juntos. En la biblioteca del internado solo había varias biblias nunca tantos libros que no conocía. Me quede absorta en mis pensamientos. Note como alguien me tocaba el hombre. Lucia reía, su compañero igual. Mire al frente para encontrarlo divertido. Edurard estaba allí y me estaba hablando.
-Lo siento nunca había visto tantos libros juntos que desconocía.- El asintió. Me entendía.
-¿Supongo que sabes quién soy no?- Yo asentí. Él era el único más mayor de todos y basándome en el comentario de Marco de que el resto de gente era de mi edad o parecido no me costó sacar conclusiones.- Me alegra de que llegaras aunque me preocupo el incidente del coche.- Yo lo mire y negué con la cabeza.
- Ya estoy mejor gracias.- El dio un paso al escritorio y se sentó en la silla.
- Me alegra saberlo Abril. Como ya sabes he pedido que puedas vivir conmigo hasta que te parezca o quieras irte.- Asentí con la cabeza- Marco te abra contado que bajo mi cuidado hay otros cinco como tú. Ya conoces a dos de ellos. Y estoy seguro de que a Lucia le hace mucha emoción presentarte al resto así que lo dejare en sus manos.- Note como Lucia se alegró y no pude evitar esconder una risa.- También quería comentarte que en esta casa solo existe una norma.- Se puso serio y note como los dos de detrás también se tensaron.- A partir de las 3 de la mañana está prohibido salir del cuarto. Cuando sea la hora de levantarse enviare a una de las chicas a levantarte. Mientras tanto deberás permanecer en la habitación. Por supuesto cada habitación tiene un baño por si tienes necesidad.- Su voz era seria y un escalofrío recorrió mi espalda. Volví a asentir y una sonrisa se dibujó en su rostro. La tensión desapareció en un abrir y cerrar de ojos.- Perfecto entonces. Espero que disfrutes tu estancia aquí y cualquier cosa puedes preguntarme a mí o a los chicos.- Lucia me estiro de la manga y dándole las gracias salimos de allí. El pelirrojo se quedó dentro con mi tío y tuve que fijarme bien para darme cuenta del guiño hacia Lucia. Esta le sonrió en respuesta. Las puertas se cerraron una vez fuera.
-Bien te presentare al resto.- Corrimos de nuevo por la gigantesca mansión en busca de los chico que quería presentarme. Yo la seguía un poco asfixiada. Al fin encontramos a una chica en el comedor. Nos miró asustada mientras nosotras cogíamos aire. No sabía cómo Lucia podía aguantar tanto. Yo estaba agotada. La chica rio.
-Amanda....Por fin te encuentro.....-Volvió a coger aire para continuar.
-Que ha pasado Lucia. Estas empezando a preocuparme.-Lucia rio y cogió una bocanada de aire. Cogiéndome de los hombros me situó delante de la chica que antes había llamado Amanda.
- Te presento a Abril. La sobrina del señor Edurard.- Lo dijo sonriente. Amanda abrió mucho los ojos y en unos segundos se inclinó ante mí. Yo me puse nerviosa. Siempre había sido yo la que se tenía que inclinar ante las hermanas o superiores, nunca al revés.
- Por favor levántate. No hagas conmigo eso ¿vale?-Intente sonreírle mientras ella levantaba la cabeza.
-Tampoco le gusta que la tratemos como la señorita Abril. Ella es mas de tu- Lucia me hizo burla con un guiño. Yo le puse mala cara. Amanda nos miraba serias- Vamos Amanda danos una de tus bonitas sonrisas.- Amanda también la miro mal. Aunque ella la miro mal de verdad.
-Ya sabes cómo van las cosas aquí Lucia. No interrumpas.-Se dio la vuelta y siguió su camino hacia alguna parte de la casa. Mire a Lucia que tenía una sonrisa sádica en el rostro. Otra vez ese escalofrío me recorrió la espalda. Lucia se dio cuenta de que la estaba mirando y enseguida cambio por completo. Volvió a ser alegre.
- Bueno Amanda es un poco difícil de tratar pero estoy segura de que os llevaréis bien.- Se dio la vuelta en dirección contraria por la que Amanda se había ido. Un gran reloj adornaba una de las paredes. Un reloj negro como la noche, algo en él me puso nerviosa. Lucia miro la hora.- Vaya ¿ya es tan tarde?- Se giró para mirarme- Me temo que las presentaciones se tendrán que posponer para mañana. Volvamos al cuarto.- Yo asentí y despacio volvimos al cuarto donde me había despertado. Aunque parecía mentira ya había transcurrido un día. Suspire al entrar al cuarto.
- Yo debo marcharme ya pero si necesitas cualquier cosa no dudes en llamarme. Buenas noches señorita Abril.- A lo último rio. Lucia me caía muy bien. Cerró la puerta después de que le devolviese las buenas noches y me senté en la cama. Poco a poco me quite la ropa quedándome de nuevo desnuda. Doble la ropa en una silla y me puse el pijama. Me metí entre las frías sabanas de la cama he intente conciliar el sueño. Pensé como cambiaria mi vida a partir de ahora y sin saber cómo recordé la regla de mi tío. A partir de las 3 de mañana debía encerrarme en mi cuarto a la espera de que algunas de las chicas vinieran a verme y pudiese salir. Suspire. No sería tan complicado. Solo tenía que dormirme y esperar a la mañana siguiente. Sin embargo me costó bastante conciliar el sueño. Algo me decía que allí no estaba todo en orden. No dejaba de recordar esa norma y por si fuera poco sentí como si alguien me estuviese observando. Di muchas vueltas en la cama buscando alguna explicación a aquella sensación o borrarlo de la cabeza para poder dormir.
Al cabo de unos cuantos minutos el sueño por fin llegó a mí. La oscuridad me rodeo y deje de pensar, deje de sentir ese malestar de que alguien me observaba
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Capitulo 2
A la mañana siguiente, tal como Edurard dijo, Lucia vino a despertarme. Aunque Lucia tenía una idea diferente de como despertar a las person...