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miércoles, 28 de abril de 2021
Capitulo 2
A la mañana siguiente, tal como Edurard dijo, Lucia vino a despertarme. Aunque Lucia tenía una idea diferente de como despertar a las personas. Entro sigilosamente en mi cuarto y cuando quise darme cuenta Lucia estaba tumbada a mi lado. Y diréis " ¿Qué tiene eso de malo?" Lo malo es que ella se había quitado la ropa que aquel momento llevaba y se había metido acurrucada a mi lado. Yo aún seguía medio dormida por lo que me costó darme cuenta. Lucia no paraba de reír mientras se vestía.
-No seas exagerada Abril. Nosotros nos levantamos antes y el verte durmiendo me había dado envidia.- Estaba segura de que en aquel momento tenía la cara roja de vergüenza. No conteste y también me cambie el pijama por una camiseta blanca y unos pantalones azules vaqueros. Estaba absorta en mis pensamientos cuando un soplido en mi oreja hizo que saltara del sitio. Lucia estaba encima de la cama y tenía una sonrisa en el rostro. Yo me tape la oreja donde me había soplado.
-Vamos Abril, no seas aburrida.- Poco a poco se acercaba más a mí. El escalofrío volvió a recorrerme el cuerpo. La puerta se abrió de golpe justo en el momento en que Lucia tenía su cuerpo pegado al mío. Miro a la puerta con cara de aburrimiento. Amanda estaba en la puerta y parecía enfadada.
-El señor se preguntaba por qué tardaban tanto.- Ella miraba de forma rara a Lucia. Lucí volvió a mirarme y sentí su aliento. Me puse aún más roja de vergüenza y ella río.
-Ya bajábamos. ¿No es así Abril?- Se separó despacio de mí y se bajó de la cama hasta enfrentarse a Amanda.- Encárgate tu del resto Amanda yo voy a ir preparando el desayuno.- Lucia desapareció detrás de Amanda. Esta suspiro y entro a mi cuarto.
-A veces Lucia se puede pasar un poco. Perdónela.- Recogió la ropa que doble ayer y la hecho en un cesto que llevaba en la mano.- Le acompañare a la cocina.- Yo asentí y la seguí escaleras abajo.
-¿Amanda verdad?- Ella asintió sin volverse. Miraba al frente seria.- Como le dije a Lucia no me tratéis como una señorita. Se me hace raro y molesto.- Mire abajo mientras Amanda me miraba. Al final asintió y yo le sonreí agradecida. En la planta baja no tardamos en llegar a la cocina. Era más grande de lo que me esperaba. Una cocina con azulejos azules, Lucia saltaba de un sitio a otro preparando una especie de desayuno que jamás había visto, Huevos con bacon. La cocina olía genial y me deje llevar hasta Lucia.
-Veo que te gusta. Me alegro.- Cogió la sartén y puso los dos huevos en un plato junto al bacón. Lo mire hambrienta. En el internado jamás había comido algo así. Todo lo que tomábamos era pan y leche. Me senté a la mesa y junte las palmas para comenzar a rezar, justo como las hermanas me habían enseñado. Lucia puso una mano encima de las mías.
-¿Qué haces Abril?- Se había ensombrecido un poco. Yo trague saliva y quite las manos de encima de la mesa.
-En el internado siempre rezábamos antes de comer.- Amanda se tensó detrás de mí y note como se marchó de allí. Lucia me miraba seria y otra vez el escalofrío me recorrió.
-Ya no estás en el internado. Aquí no hace falta que le reces a nadie.-Se dio la vuelta y se puso a recoger la cocina. Yo asentí y comencé a comer los huevos. Solté un sonido de satisfacción y Lucia se río divertida. Termino de recoger antes de que yo terminase el desayuno y se sentó enfrente de mí. Yo la mire mientras comía. Ella solo me observaba. Trague el último bocado de los huevos y ella retiró mi plato y lo dejo encima de la pila.
-¿En esta casa las cosas son tan calmadas?- Ella me miro divertida. Sus ojos brillaban. Volvió a sentarse enfrente de mí y me miro directamente a los ojos.
-Últimamente el señor Edurard sale de viaje con algunos de nosotros. Esta vez Amanda y yo nos hemos quedado contigo. Por eso la casa esta mas tranquila.- Cruzo las piernas por debajo de la mesa.- ¿Crees en Dios Abril?- Yo la mire. ¿A que venía esa pregunta ahora? ¿Creía en Dios? Me quede en blanco ante aquella pregunta. Más que creer era lo que las hermanas me inculcaron. Yo la mire como esperaba una respuesta por mi parte, una respuesta que ni siquiera yo sabía. Estuve un rato dándole vueltas hasta que ella decidió levantarse.
-Da igual. Ha sido un error preguntar.- Se levantó y fregó el plato de mi comida. Yo también me levante y me acerque a ella. Aun no sabía que decirle pero tampoco quería que pensase que no quería contarle. Suspire y me apoye en la mesa al lado donde ella trabajaba.
-No sé si creo o no. Supongo que ya lo hago todo inconscientemente. Si te digo la verdad siempre me ha parecido una molestia tener que rezar a todas horas. Al principio de pequeña me parecía algo normal pero con forme fui creciendo algo dentro de mí se negaba a hacerlo.- Me toque el pecho. Lucia seguía todos mis movimientos. Seguía seria. Pensé que sus cambios de humor eran normales. Al final ella me sonrió. Yo mire al suelo. Amanda entro en la cocina y las dos nos quedamos calladas. Lucia la miraba seria y Amanda le sostenía la mirada.
-Abril necesito que vengas conmigo.- Lucia apretó los dientes. Amanda me miro seria y yo asentí con la cabeza. Lucia siguió a lo suyo mientras las dos nos marchamos. En ese momento me di cuenta de que no lograría entenderla nunca. Amanda no era tan habladora y cercana como Lucia pero había algo en ella que me hacía sentir bien a su lado. Pasamos de nuevo por el comedor. Todas las habitaciones estaban conectadas al salón. No podías ir a ningún lado sin pasar por ahí. Sólo se oían nuestros pasos. Me pregunté qué quería Amanda. El poco tiempo que llevaba ahí nunca me había dicho nada. Pensé otra vez en Lucia. Siempre que estaba con Amanda su humor cambiaba. No comprendía el porqué de la situación. Se llevaba bien con el resto pero con ella es algo diferente. Choque con Amanda y solté un gruñido. Estaba pensando en cada situación que se habían visto e intentar entender el por qué, que no noté cuando ella se paró.
- No debes hacer caso de lo que ella diga. A veces puede pasarse un poco.- Se giró para mirarme. Ya no parecía enfadada y se notaba relajada. Pensé que decía eso por la pregunta que me había hecho antes. Me rasque la nuca y le sonreí.
- Si es por la pregunta de antes no me importa. La verdad es que me ha hecho recapacitar la verdad.- Ella me miró seria. ¿Qué le ocurría a esta familia? Todos eran raros y diferentes. Al final Amanda se dio por vencida y dejó de mirarme para seguir andando. Los pasos fueron, de nuevo, el único sonido entre nosotras. Ni siquiera Lucía se oía.
Subimos a mi habitación y las dos entramos. Amanda cerró la puerta dejando la habitación a oscuras. Yo me asusté.
- No te preocupes Abril no voy a hacerte nada. Sólo quiero que te tumbes en la cama.- Trague saliva e hice lo que ella dijo. Me recosté en medio de la cama y noté como ella se subía también. Al llegar a mi lado dejo de moverse y por un segundo pensé que estaba sola en la habitación. No se oía su respiración y tampoco sentía su presencia hasta que puso una mano en mi frente. Estaba caliente y era suave, pequeña. Sentí una energía que recorría mi cuerpo desde su mano pasando por mi frente hasta los dedos de los pies. Era una sensación extraña y reconfortante al mismo tiempo.
- ¿Que estás haciéndome?- No me contestó. Comencé a sentirme cansada, cerré los ojos adentrándome aún más en la oscuridad. Seguía notando sus dedos en mi frente, la energía recorriendo mi cuerpo. El sueño vino a mí. Luche por mantenerme despierta y no perder de nuevo el conocimiento pero fue inútil. Acabo ganando. Sentí como la energía se desvanecía al mismo tiempo que el tacto de los dedos de Amanda. Oí como la puerta del cuarto se abría y escuche trozos de una conversación. Algo de que dormiría hasta que el regresase, algo de mis recuerdos, de mi pasado, de algo que no conseguía recordar, de alguien que me esperaba, de unos votos... Y luego nada. Oscuridad y silencio. No sentía nada, no oía nada, no veía nada. Sólo oscuridad. Una oscuridad impenetrable, negra como la noche sin luna más oscura. No sé cuánto estuve así hasta que una luz apareció. Una pequeña luz entre toda esa oscuridad. Intenté avanzar hasta ella sin éxito. La luz se hizo algo más grande y por ella vi a una persona. Una chica de cabello blanco y ojos rojos. Sonreía. Me tendió una mano. Quise agarrarla, que me sacaste de aquella oscuridad. Conseguí estirar una mano y rozar la suya. La luz brillo y la oscuridad se retiró. Tenía a la chica enfrente de mí aún con las manos entrelazadas.
- El momento ha llegado Abril. Debes despertar. Debes cumplir con la tarea que tus padres te dejaron. Debes reunirnos a todas otra vez.- Quise preguntarle a qué se refería pero nada conseguía salir de mi boca. Ella repetía lo mismo una y otra y otra vez. No entendía nada.
¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué ahora? ¿Por qué a mí? Un montón de preguntas se amontonaban en mi cabeza. Todas ellas sin respuesta. Agarre mi cabeza que parecía a punto de explotar. Escondí la cara entre mis rodillas. Desee que eso terminará. Sólo era una pesadilla. Yo estaba en la mansión con el tío Edurard y unos chicos que eran como yo. Nada más. No debía pensar en nada más. Pensé en la hora que era pero no podía abrir los ojos. Aquella oscuridad que hacía reto me envolvía seguía allí y no me dejaba ver nada. Decidí esperar a que alguien me despertase. Sólo pensaría en eso. En lo que haría al día siguiente. En los chicos que Lucía aún tenía que presentarme, en la ciudad que tenía que mostrarme. Sólo pensaría en eso y está pesadilla acabaría pronto. Sin cargo ella aún me observaba. Lo notaba. Notaba como la chica de ojos rojos me miraba desde lejos con una sonrisa siniestra. Notaba su aliento en mi nuca, su presencia a mi lado. Quise abrir los ojos, despertar de aquello... Pero lo que vi al hacerlo era peor. Esto no era una pesadilla.
La chica me miraba sentada en la cama. Sus ojos rojos sin sentimientos, su pelo blanco como la nieve. Trague saliva.
- Has tardado más de lo esperado en despertar Abril.- Cerró los ojos y se puso de pie al lado de la cama. Yo no podía decir nada, el miedo me paralizaba. Algo en ella me hacía sentir eso, tenía un poder increíble, algo terrorífico en su interior.
- ¿Quién eres?- Fue un milagro que mi voz no sonase titubeante. Ella volvió a mirarme y suspiro. Sus ojos empezaron a mostrar otra vez sentimientos. Empezaba a parecer más humana. Puso las manos tras su espalda.
- Es increíble que no te lo hayan dicho. Sobre todo ella. Seguro que está deseando que vuelvas a ser la de entonces.- Un montón de preguntas se agotaron en mi mente. Me pellizque para saber si era un sueño o la realidad. Ella río ante eso.- No estás soñando. Mi nombre es Elene y pertenezco a tu guardia personal.- Se inclinó tras decir su nombre. ¿Mi guardia personal? ¿De que estaba hablando? Ella levantó la cabeza.
- No sé de qué me estás hablando. Yo no tengo guardia personal no nada.- Ella endureció su rostro. El miedo se hizo más intenso. Sus ojos rojos brillaban en la oscuridad del cuarto. Me tendió una mano. Una mano pálida acabada en una garra. Temblé.
- Si ellos no te lo muestran yo lo haré. Seré la primera en darte mi pecado.- ¿Su pecado? Negué con la cabeza. Ella retiro la mano y la dejo caer a un lado.- Mi pecado es el pecado de la codicia. Y como tal seré la única que puede tenerte.- Trague de nuevo y ella suspiró. El miedo remitió, deje de temblar y al fin pude moverme. Me incorpore un poco en la cama y la mire.
- No entiendo de qué me estás hablando. No comprendo lo del pecado ni por qué me lo darías a mí. ¿Qué está pasando? ¿Por qué me está pasando a mi?- Ella se sentó a mi lado. El miedo que emanaba había desaparecido. Sus ojos ya no brillaban como antes y parecía más tranquila.
- Te contaré todo lo que quieras Abril pero con una condición. Yo seré la primera en darte mi pecado.- Asentí. Lo del pecado me daba igual. Sólo quería saber que sucedía, por qué ahora y por qué a mí. El resto me daba igual.
- ¿Es cierto que no recuerdas nada antes de entrar al internado cierto?- Me quede en silencio. Ahora que lo mencionaba está cierto. Mis recuerdos antes de ingresar en el internado eran borrosos. No recordaba nada con claridad. Asentí y ella prosiguió.- Como has notado en esta casa ocurren cosas que de normal no deberían suceder.- Dejo de hablar para que lo pensara y le diese la razón. Ella asintió de nuevo.- No eres capaz de recordar nada por culpa de un hechizo muy poderoso que te dieron tus padres antes de morir.- Abrí los ojos. ¿Un hechizo? ¿No recordaba nada por un hechizo?- En realidad tu ni siquiera vivías en este mundo. Tus padres te trajeron aquí para evitar que la facción de Dios te eliminase. Pensaron que dejándote al cargo de sus soldados podrías salvarte. Sin embargo tú destino es diferente. Tú eres la única persona capaz de enfrentar la guerra que se avecina. Eres la única capaz de reunir a los siete pecados y hacerlos tuyos.- Respire. Esto debía ser una broma. ¿Dios? ¿Pecados? Todo parecía sacado de un cuento de hadas. Elaine siguió con su historia.- En esta casa se ocultan cinco de los pecados, yo soy el sexto. Pero hay un último pecado que será el más difícil de encontrar. Debes encontrarlo y hacerlo tuyo antes de que la guerra entre los tres mundos aparezca. Debes salvar a los tuyos.- Dejo de hablar y me miro. Tenía tantas preguntas. Espero en silencio para que recapacitase todo esto. Salvar a los míos, reunir a los siete pecados, una guerra. Me lleve las manos a la cabeza.
- ¿Por qué yo? Hay muchos que seguro están deseando ocupar mi lugar. Yo no soy nadie, solo soy una chica marginada con mala suerte.- Ella negó con la cabeza y me tocó un hombro.
- Tú eres la única con el poder necesario para hacerlo. Sólo una única persona de la casa se ha dado cuenta.- Pensé en Lucia y ella asintió, como si pudiese leer mis pensamientos. Ella era la única más cercana de la casa. Escondí mi cabeza entre mis piernas. Pensé en todo lo que me había contado. Repare en que había dicho que yo no estaba en este mundo cuando mis padres murieron. Sino que me trajeron a este mundo.
- ¿De dónde vengo? Si me trajeron a este mundo para ocultarme... ¿De donde soy?- Ella me sonrió. Tenía un mal presentimiento sobre la respuesta. Ella sonrió aún más dejando ver unos colmillos blancos como la nieve.
- Tú eres parte del reino de los demonios. En realidad no eres una humana. Eres un demonio.- Eso me dejó sin respiración. A duras penas recordé cuando Lucia me había preguntado si creía en Dios, cuando se había molestado cuando rece en el desayuno. Recordé que después de eso Amanda había venido a por mí y yo había dormido. ¿Por qué me costaba recordar lo que pasó está mañana? ¿Qué me habían hecho? Mire con miedo a Elaine. Ella solo esperaba que yo me creyese todo.
- Soy un demonio. Un demonio.- Ella volvió a asentir. Reí. Esto era imposible. Por mucho que las cosas empezasen a encajar era imposible. Desde los recuerdos que no tenía antes de la muerte de mis padres hasta las cosas extrañas que sucedían en esta casa. Y luego estaba la única regla que tenía mi tío.- ¿Sabes por qué no puedo pasear por la casa a partir de las tres?- Ella me miró a los ojos, noté como me miraba el alma. Asintió poco después.
- Eres la única que puede derrotar al actual rey demonio por ello muchos demonios te buscan. Tu habitación está protegida por un poderoso hechizo y normalmente nuestra actividad aumenta a las tres. Por eso te está prohibido salir.- Yo mire al suelo. Todo cuadraba. Parecía una locura pero todo cuadraba.
- ¿Por qué me lo has contado?- Se tensó. No esperaba esa pregunta. La noté algo nervioso y me apoye en las manos acercándome más a ella.- ¿Porque ellos no me lo contaban? ¿Por qué has venido solo para eso?- Ella dio un paso atrás. No se esperaba este ataque por mi parte. No le duró mucho y se enfrentó a mí. Esos ojos volvieron a brillar.
- Te lo cuento porque es injusto que sigan mintiendo. Eres la elegida, su hija. Por mucho que te protejan no lo van a conseguir por mucho más tiempo.- Yo desistí. Por una parte tenía razón. Suspiré
- Gracias.- Ella me miró sin comprender. Yo me reí.- Has hablado antes de que tengo que conseguir los pecados. ¿Cómo hago eso?- Ella se relajó y se sentó a mi lado. Jugo con un dedo a seguir las líneas del edredón.
- Normalmente hemos tenido que dar nuestros pecados a los Reyes del inframundo. Para ello cada uno de nosotros nos acostamos con él. Era una forma de decir que estábamos bajo sus órdenes y le éramos leales.- Yo me quedé de piedra. Acostarse con el rey del inframundo. Imaginé a Marco y Elaine se río a mi lado.- Tranquila hay más formas de entregar nuestros pecados. Una mucho más fácil.- Solté el aire y quite la imagen de la mente. Elaine volvió a reír y se movió en la cama dejándome debajo de ella. Mi corazón se paró por unos segundos. Sentí sus pechos descansando en los míos y un calor comenzó a inundar mi cuerpo. Ella se acercó demasiado a mi cara. Noté que se divertía. Trague saliva. Su boca estaba a unos centímetros de la mía. Estaba completamente atrapada entre la cama y su cuerpo. Movió su pierna y no pude evitar soltar un gemido. Ella sonrió y yo cerré los ojos. Esa era la primera vez que intimaba con alguien pero nunca imaginé que sería una chica. Y menos aún un demonio. Elaine río y se retiró dejando respirar. El calor seguía presente en mi cuerpo. No me moví mientras ella se sentaba de nuevo en la cama. Quise decir algo pero nada podía salir de mi boca.
- Siento dejarte así pero la experta en estas cosas es el pecado de la lujuria. Aunque creo que pronto lo tendrás también bajo tu control.- Me miro picara. Al fin el calor de mi cuerpo se fue. Me sentía rara. Trague. - Otra forma de dar nuestro pecado es ofreciendo nuestra lealtad eterna al nuevo rey. Una lealtad que durará hasta la muerte de este.- Asentí. Esa forma me parecía más práctica y normal. Ella río y se levantó. Apoyo una pierna en el suelo.- Yo, Elaine, del pecado de la avaricia, te otorgó mi pecado. Con el mi lealtad hasta que mueras.- Una luz brillo en mi mano. Me la mire. Un extraño símbolo había aparecido.
Elaine me estiró la mano. Yo le tendí la mano donde el símbolo había aparecido. Se lo llevó a los labios y lo beso. Un beso suave, cálido. El símbolo brillo negro y una energía nueva me recorrió el cuerpo. Ella se levantó.
- Bien ahora estamos conectadas. Cuando me necesites solo tendrás que llamarme y apareceré.- Yo mire el símbolo que comenzaba a desaparecer.- Y otra cosa Abril. La ira aún no debe saberlo.- La mire interrogante y algo estiró de ella. Soltó un gruñido.- Amanda. Aún no se lo digas a ella o jamás te entregará su pecado. Consigue el de Lucia.- La mire alucinada. Le sonreí y ella me devolvió la sonrisa.
- Gracias por esto Elaine. No olvidaré tu consejo.- Ella asintió y desapareció de la habitación. Me tumbe en la cama pensando en todo lo sucedido. Un demonio. Era un demonio destinado a encontrar a los pecados y hacerlos míos. Recordé lo que ella me dijo. Se acostaban con el rey al que servirían para entregar su pecado. La sensación que me lleno por dentro al estar tan cerca de ella. Me puse roja y me tape la cara con el brazo. A partir de ahora todo cambiaría. No podía decírselo a mi tío. Hablaría primero con Lucía cómo ella me había dicho y le pediría consejo de nuevo. Suspiré allí tendida. La guerra se avecinaba y yo era la única capaz de alabar a los demonios. Reí. En el internado me enseñó que eran monstruos sin corazón que devoraban el alma humana.
Alguien toco a mi puerta. Me incorpore un poco en la cama mientras Lucia pasaba a la habitación. Estaba algo sería y me miro desde la puerta.
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Capitulo 2
A la mañana siguiente, tal como Edurard dijo, Lucia vino a despertarme. Aunque Lucia tenía una idea diferente de como despertar a las person...
Faltan fotos.
ResponderEliminarEstán en proceso
EliminarQue chula novela
ResponderEliminarAlguien que sabe leer
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